Cuando tu perro envejece, su comportamiento y estado de salud cambian. Es importante cubrir sus necesidades especiales y hacer que sus últimos años de vida sean igual de felices que los de su juventud. La expectativa de vida de los animales de compañía ha aumentado considerablemente, debido a mejoras en sus cuidados, lo que se traduce en esperanzas de vida de hasta 20 años o más.

Los signos de envejecimiento no se presentan de la misma forma en todos los perros, aquellos de talla pequeña tienen esperanzas de vida mayores a los de talla grande, y por lo mismo, muestran signos de envejecimiento de forma más tardía.  Sin embargo, independiente de la raza o el tamaño, es posible encontrar signos similares, principalmente aquellos que se asocian a la disminución de la capacidad sensorial, existiendo deterioro de visual, auditivo, olfativo y gustativo.

Algunas alteraciones conductuales que se dan producto de la avanzada edad, en el Síndrome de disfunción cognitiva canina (SDC), también conocida como “el Alzheimer del perro”, dado que existe una similitud en la fisiopatología de esta enfermedad en el humano y en los perros.

Algunos signos de condición son:

– Pérdida de los hábitos de micción y defecación: comienza a orinar o defecar en lugares que antes no utilizaba para este fin.

– Desorientación: se pierde o se muestra confuso en lugares o frente a objetos que le deberían ser familiares.

– Alteración de las interacciones sociales: puede mostrar mayor dependencia hacia sus tutores o por el contrario, también puede ser reticente para recibir caricias, e incluso mostrarse agresivo.

– Alteración del ciclo sueño-vigilia: también puede incrementar sus horas de sueño durante el día y disminuirlas durante la noche. Es muy común encontrarlos deambulando por la casa durante la noche.

– Pérdida de la cognición: puede no reconocer comandos a los que respondía perfectamente o no mostrar la capacidad de retener información nueva.

El tratamiento del SDC busca impedir el avance del deterioro neurológico, a través una terapia conductual, enfocada en la estimulación cognitiva del animal, a través del re-entrenamiento, y desafíos cognitivos. Este punto es muy importante no solo para el tratamiento, sino también para la prevención de este Síndrome.  Se recomienda entonces el uso de juguetes cognitivos, que hagan pensar a tu perro y resolver desafíos. También se pueden realizar juegos de búsqueda con el olfato y entrenamiento de comandos básicos.

La terapia también puede ser complementada con fármacos, recetados por un médico veterinario etólogo clínico, y feromonas.

 Recuerda consultar siempre a tu veterinario frente a cualquier cambio en tu perro.

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